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Monocampañas: el sueño trunco


“...pero es para alimentarse no para abrigarse”


Así se cae el discurso cuando parcializamos al veganismo, cuando hacemos discriminación entre las especies no humanas en las mismas campañas que se supone deberían ser pro-animales y no alimentar el prejuicio.


Bajo el lema de las monocampañas (antipieles, mascotas, peligro de extinción, zoológicos, etc.) se esconde un bienestarismo de base que sólo busca la explotación fiscalizada sin romper con la institución explotadora. En definitiva, un sueño trunco entre la vanagloria egoísta y malas estrategias.

Sexismo y especismo ilustrado

8 de agosto de 2008
La campaña de PETA para que uno de los negocios de KFC adquiriera pollos matados por medio del sistema de atmósfera controlada en vez de matados por electricidad, prosiguió con el auspicio por parte de la entidad bienestarista del propio negocio de comidas en Canadá, el cual ha incorporado una hamburguesa de "falso pollo", aunque no es vegana

¿No sería mejor promover restaurantes que por cuestiones éticas no venden animales no humanos ni sus productos, en vez de promocionar a un negocio centrado en las ventas de no humanos y a través de una comida que ni siquiera es vegana? Sin duda. Pero hay más.

Lo hacen con el latiguillo de siempre, mujeres semidesnudas o desnudas. En este caso, casi ridículas. Y como en el mundo el abolicionismo está empezando a hacerse oir, activistas de Friend of Animals se presentaron difundiendo otra forma de acercarse a la gente. No es lógico promocionar estos negocios. Es como premiar a determinadas personas por ser "defensores de los derechos animales" del año por alguna acción determinada, o por haberle dado lugar a la entidad premiante, vía programa de televisión que esa persona tiene, pero sin importar que estas personas promueven la venta de no humanos, o consideran que "una cosa es piel y otra cuero" o "una cosa es para las pieles y otra para comida", como el caso del premio dado por Animanaturalis a Raúl Portal en Argentina hace algunos años. Y no nos olvidamos que alguna vez habló de los "vegetarados".

Algunos creen que estamos contra PETA. Pero no. Estamos a favor del abolicionismo.

Maltrato vs. No-trato

San Fermín fue lugar de una “llamativa” manifestación en contra del maltrato hacia los toros. Se decidió optar, una vez más, por la performance de cuerpos semidesnudos y ensangrentados a los que ya nos hemos acostumbrados. ¿Será que de otra manera no llamarían tanto la atención? Sin duda. Pero parece que como se fue todo muy para el lado de pensar en los desnudos, PETA decidió suspender estos espectáculos para no llevar más turismo a Pamplona.

El espectáculo careció de un mensaje claro y conciso. Según el presidente de una de las organizadoras, el objetivo era plantear el debate tauromáquico en la opinión pública. Campañas de un solo tema y centradas en el “maltrato”, no campañas para la causa abolicionista. Denunciar el maltrato cuando lo que se quiere dejar claro es que los animales no tienen que ser ni siquiera tratados. Por otro lado, qué suave suena esta palabra. Si esto es maltrato….

En tal caso, el debate que tanto ansían propone proteger los “bienes” (que en realidad son seres sintientes) que son “propiedad” de los humanos para que no reciban daño, o mejor dicho, un tipo específico de daño; ya que el sufrimiento inflingido para las otras industrias no arrastraría tantos adeptos para una campaña mediática.

En Argentina, por suerte, este espectáculo sangriento nunca tuvo muchos adeptos cuando en épocas coloniales se lo quiso imponer. Acá los bovinos torturados y asesinados tiene representante femenino, y la educación pública le hace honor al impartir en los colegios la obligada “Composición. Tema: la vaca” Porque a los niños hay que enseñarles que la vaca “nos da” todo.

Foto: El presidente de animanaturalis contra el maltrato.

Fuente:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Antitaurinos/Sanfermines/elpepicul/20080706elpepicul_7/Tes

http://www.telecinco.es/informativos/cultura/noticia/41143/Denuncia+al+trato

El hacer por el hacer

El pasado 25 de Junio, en el microcentro porteño, fuimos testigos de lo que fue una “llamativa” campaña antipieles: los transeúntes curiosos, atraídos por las cámaras y el tumulto, pasaban a observar la performance de cuerpos semidesnudos y ensangrentados (cualquier parecido con alguna organización internacional no es pura casualidad). Claro, para concientizar, una imagen vale más que mil palabras; por eso mismo no se habló de otra cosa que no sea de piel. Como si los otros derivados de animales para vestimenta fueran menos importantes. Como si no fuera producto de la explotación la lana, la seda, ni siquiera el cuero. Como si el problema fuera el uso de pieles, algo tan frívolo como la moda. Por suerte, la cara de la campaña, no volvió a usar zapatos de cuero para esta ocasión. Aunque ahora es cara de un producto elaborado por una empresa que hace años está boicoteada por experimentar con animales no humanos.

La pregunta lógica que surge al ver todo esto es: ¿es bienestarismo estar en contra de la piel y solamente de la piel? Puede pensarse erróneamente que no, porque no se pide "mejor trato". Pero de hecho, lo que se cuestiona es el trato. De lo que se habla es del trato. Uno que no siempre es tan cruel como se manifestó públicamente. Y que muchos peleteros niegan que se haga con crueldad.

Formulemos entonces la pregunta con otro ejemplo: ¿es discriminación estar en contra de la esclavitud exclusivamente si se somete a indios latinoamericanos? Los otros hombres… ¿sí pueden ser explotados? Lo que plantea la postura de los derechos animales es, justamente, abolir la esclavitud y no sólo “un tipo” de esclavitud. Es la esclavitud a la que estamos cuestionando independientemente del sujeto que la padece. De lo contrario estamos diciéndole a la gente: No use esto. A otros: no vaya a tal lado. Y tendríamos que ir así haciendo una campaña tras otra para comenzar de nuevo con la primera dentro de muchos años.

En el imaginario colectivo de muchos de los que luchan por los animales, está fijada la idea del “hacer por hacer”: no importa qué ni cómo, la cuestión es hacer y hacer ahora. Esta falacia nos extirpa la parte más importante de una acción, que es el sentido, el objetivo que nos impulsa.

A grandes rasgos, podemos decir que una acción consta de tres momentos.

  • Intención: la voluntad ordenada a un fin.
  • Elaboración: de qué manera se va a llevar a cabo.
  • Respuesta: la acción propiamente dicha, la materialización de la intención.

El resultado o respuesta es lo que va a determinar el futuro de la causa que deseamos encarar.

“Todo es para bien, todo contribuye al cambio” –escuchamos decir. Este cliché debería ser replanteado. La historia no es una dinámica absoluta que, en su continuo y eterno movimiento, avanza hacia el veganismo sin importarle los procesos que se lleven a cabo; irremediablemente llegará al destino de su evolución. No es así. La historia se construye, la construimos día a día con nuestro obrar y antes de hacer hay que pensar muy bien lo que esto va a traer aparejado.

Si para muchos estas campañas van a fortalecer el movimiento más que los bolsillos o la publicidad para los “famosos” que actuaron en él, el futuro no es muy optimista. Mientras tanto desviamos la atención del fondo y sigan empeorándose los demás problemas.